sábado, 31 de diciembre de 2011

mi parto

Fue hace unos meses que recordé, recordé gracias a Martina que me habita y me trae ese mar de vivencias que estaban en mi cuerpo y que ahora con su móvil y tranquila sabiduría me ayuda a ver, a sentir, a volver.

Estaba recibiendo las instrucciones de la palpación de la articulación, tempo-occipital, en clase para ser terapeuta craneo- sacral y despues de dadas las instrucciones, a la práctica, y me puse en la camilla muy clara de ser estudiante y no paciente y estar en una práctica academica y una experiencia clínica y se vino la memoria de mis células y de mis huesos, con un nudo en la garganta fuerte, galopante......  sentir y ver la luz blanca, mi absoluta fragilidad y ver como me sacaban tan duro y me agarraban tan fuerte, sentir dolor en mi cabeza, sentir el dolor y no poder decir que más suave por favor, llorar y no ser oída, ni protegida, ser lastimada y tener tanto miedo y no saber por que mi mamá no me defendía; se hizo muy larga esta sensación de abandono, de soledad, de estar con personas que no me sentián, que no sabián de mis necesidades y yo pequeña recién nacida, sola, no se cuanto tiempo, pero mucho, tanto que volvió 34 años después y se quisieron venir todas esas lágrimas que nadie escuchó, y callar y seguir en la clase y posponer el duelo a un nacimiento en abandono, acompañada por médicos y enfermeras que creian que hacian muy bien su labor.

Después esta sensación se quedo conmigo varios días, Martina llevaba 8 semanas en mi y cuando ya no quería más ese estado de nostalgia por mi misma, por mi nacimiento, le pedí a mi pequeña que me llevara en sueños a un lugar donde entender y pasar este dolor y mi pequeña maga me llevo en sueños a un océano, y nadamos y jugamos en ese lugar donde la vida siempre empieza y mi memoria triste se baño de esta conexión profunda con mi hija, mi hija, mi maestra, la que sabe que adentro también todo se limpia, que el dolor se puede llevar a nadar en el océano amniótico, en la existencia unicelular, donde respiramos como estrellas de mar, mi Martina, mi sirena, que me lleva a sanar mi pequeña bebe interna.

Por que?

Escribo este blog porque necesito un espacio intimo y comunitaria para hablar de ser mamá, porque tengo dolores resueltos y no resueltos siendo hija, porque quiero compartir mis memorias, mis miedos y mis búsquedas en este camino de cada día de la maternidad.

Escribo este blog porque me he inspirado en muchas mamás blogueras que están tejiendo una nueva maternidad, esa que un día yo tejí con Rafaela, como una lobita jovén que intuia como criar a su cachorra y ahora la mamá consiente que quiero ser, que tiene a veces tanto miedo y siempre tanto amor.

Escribo este blog porque no quiero estar sola, y se que hay perros verdes y lobas buscando en su memoria orgánica como criar con apego, con exceso de besos y de abrazos y con amor a montonones, como lo quiero hacer yo.

Escribo este blog, porque Martina de la cual ahora soy su casa y sus océano, Martina quien me habita y me enseña desde adentro me dice que escriba, que cocine, que cante, que baile, que ame, que contemple y mire, que me refugie en el verde y el azul, y me lleva a esas memorias profundas, que no quiero guardar solo para mi.

Escribo este blog, para hablar conmigo de este camino de ver mis sombras que ha sido la maternidad, para hablar a la mamá que fui hace 12 años de Rafaela bebe y siempre maestra, que me ha enseñado tanto y con quien también he caminado aprendiendo y creciendo, y la mamá que soy ahora de Rafaela de 12 años, niña llena de paz y de amor, de grandeza, mi niña adorada y mi maestra.

Escribo este blog, porque ser mamá es darme lo que quise y no tuve, porque dandoles a ellas todo este amor que se me agolpa en el cuerpo, las palabras, las tetas y los besos, me lo doy a mi, a mi que recuerdo mi nacimiento y mi lactancia y la soledad de la infancia.

Así que ya esta, escribo este blog para nosotras y nuestro amado paraisero que nos acompaña, apoya y respeta, este mástil, flexible y juguetón que es el papá amoroso de Martina.