jueves, 3 de enero de 2013

PALABRAS PARA TI

Hoy, después de muchos días y lágrimas ya no siento enojo, ya no estoy enojada contigo, puedo ver la mujer maravillosa que eres y explicarte amablemente que te libero, te libero de las culpas que sientes por tus ausencias en mi vida, por tu ausencia de estar presente en mi vida como la madre que yo necesitaba.

Como ibas a ser madre, si fuiste huérfana? igual que Emilia e Isabel, huerfanas hijas de huerfanas, madres llenas de amor por sus hijas, pero con esta incapacidad de verlas, de respetarlas, de no lastimarlas con golpes, palabras, cegueras....

Hijas de la infamia originaria, de los golpes, la violencia, los silencios, de los no orgásmos, de la ausencia de cuerpo y placer, del aprender desde pequeñas la desconexión con las pulsiones primarias, hijas del legado de Eva, de la sexualidad pecaminosa, masculinizada, hijas del abandono, hijas y madres sin Diosa, sin tierra, sin cuerpo, sin tetas.

Yo he encontrado en estos años en los que dices que he cambiado tanto, que ya no me reconoces, mi madre interior y puedo ahora ser la niña, la mujer, la anciana, la bruja, que sabe que necesita y dármelo, no esperar tu mirada, tu apoyo, tu acompañamiento, me tengo a mi como territorio sagrado, como espacio amoroso, soy mi madre interior y me honro y me soy generosa, así que te invito a construir una relación conmigo desde el respeto y el cariño.

Empezar despacito, como dos desconocidas, al fin esta que hoy soy, esta que ha renunciado a ser tu madre, a darte apoyo, a cuidarte y a protegerte sobre sí misma, esta que hoy se ocupa de sí misma y de sus hijas, al fin, hoy día, esta que soy que ya no te cuida, que ya no te protege de su dolor, esta que ya no miente, esta que ha sanado y se ha quitado las máscaras, esta que ya no cultiva enfermedades, enquistadas, encapsuladas en su cuerpo, esta que aprendió a cantar y a sentir, después de tanta amnesia,     esta que soy que ya no reconoces es la que ha renacido, plena, sana, libre, loba y te ofrece las manos sin juicios, sin culpas, sin enojos.

Despacito, de tu parte también, sin juicios, si abusos, sin palabras discriminadoras, sin interferir en mi maternidad, sin feminismos obsoletos, conociendonos como dos mujeres que se contienen, que se espejean, que no se salvan, que no se necesitan.