lunes, 17 de diciembre de 2012

Gracias


Y entonces, una vez más la maternidad vino con su fuerza, potente, poderosa, con toda su líbido y yo quería abrirme como flor, hacer el amor una y mil veces y sentir el océano interior, las olas que bañaban todo mi ser.

La primera vez vino Rafaela  a mi interior, sus pulsiones y ese querer sanar mi cuerpo, ese deseo de ayudarme a soltar las cadenas y los miedos y ese llevarme nuevamente a la salud primal al rehacerme desde el principio de mi vida con cada uno de sus movimientos, de sus pulsiones.

Vinieron en el parto los médicos y lastimaron una vez más lo que ya estaba lastimado, otro parto violento, uno más, mi cuerpo, mi ser, yo mujer, una más violada, masacrada cortada en quirófano y mi sabiduría ancestral inútil.

Luego vino Martina, muchos años después, yo mujer, yo incorporada, yo conciente de sexualidad, de mi belleza, de la belleza de mi celulitis, de el poder de mis orgasmos y cerca, muy cerca de honrar mi sangre sabia.

Entonces pude ser camino para Marina y ella pudo sanarme, sanar el dolor del parto no parto de Rafaela, sanar el dolor de tantas citologías dolorosas, sanar el dolor de mi nacimiento, sanar el dolor de la falta de maternaje, sanar el dolor de mi juventud, sanar el dolor de la sexualidad que lastima.

Dejándome mis hijas más abierta y sabia, cual vagina, cual útero.

Gracias Rafaela, gracias Martina.

Cito a mi amada Casilda, quien acompaño con sus palabras mi propio milagro, gracias Casilda.

“A pesar de todo, la maternidad concentra muchísima energía corporal y muchísima libido, y por eso se hace posible que a menudo se produzca el milagro, y que el deseo materno irrumpa de entre las corazas; la maternidad a pesar de todo, es una ocasión formidable de re-conexión interna para la mujer.”

“La criatura derrite nuestros acorazamientos internos porque nos
necesita enteras, reconectadas, abiertas, transparentes, pulsátiles, vivas.
Nos hace ir al fondo, a lo que subyace a la devastación, a la cria- tura que somos, en su integridad, con sus cualidades originales.”

Casilda Rodrigañez