viernes, 4 de mayo de 2012

MARTINA REGRESANDO DEL MAR


Después de 12 años largos llego Martina a mi cuerpo, como un regalo, llego cerquita a su papá a mi vida y con ellos una dicha absoluta, amada compañía para Rarrita y para mi.


A Martina la llame con el corazón durante años, ya creía que no volvería a ser mamá, cuando ya simplemente había soltado el deseo y había encontrado lo plena y feliz que era mi vida con o sin bebe, llego a mi vientre y me trajo memorias, perdones, sabidurías y a mi amado esposo, hacedor de paraísos.

Aquí va la historia de Martina saliendo de nuestro mar.

Empezó como a las 11 am suave, yo pensaba que quizás era una de tantas contracciones de las últimas semanas, pero era cada 5 minutos y podía bailar y cantar y cocinar y estar tranquila, cerca de las 3, casi a la hora de mi cita con mi ginecóloga, cada contracción me llevaba a la tierra, a 4 apoyos o en cunclillas y cantaba muy feliz.

Al ir con la ginecóloga,  estaba en 3 de dilatación y 80% de borramiento de cuello uterino, allí seguía pensando que serían en 2 días,  (muchas de las mujeres de mi familia han parido no en menos de 24 horas), estaba preparada para un trabajo de parto largo, a pesar de toda mi preparación estaba en mi la idea de que parir era difícil y largo..... me lleve una buena sorpresa.


Regresamos a casa y como a las 4 se puso intenso, en cada concentración úterina yo quería estar con mi hija mayor y mi esposo y ellos amorosamente me tocaban los huesos y me daban palabras de ánimo.

En algún momento tuve ganas de llorar, muchas, esas ganas de llorar que han venido a mi vida después de orgasmos intensos, una tristeza honda que viene de lejos y profundo, allí sentí un momento decisivo en mi trabajo de parto, indagar este dolor guardado en mi cuerpo, que Martina acariciaba desde adentro para sanarme o postergar la vivencia de este dolor y entregarme de lleno a acompañar a Martina en su nacimiento.

Decidí no entregarme a la pena y a mi sanación, y estar fuerte, ser fuerte para acompañar a Martina sin que mi dolor profundo fuera protagonista, así que de esa forma vino mi ser salvaje, mi mamífera felina, mi loba interior. La mamá mamifera que en mi aguardaba.

Rugía y sentía mis huesos, fuertes y la tierra en mi, y entonces ya no quería llorar, era fuerte, de ultratumba, subterraneamente era fuerte, con una fuerza milenaria.

Sentía como de mis huesos salian filamentos energéticos que me enraizaban con la tierra y sentí la fuerza de todas las mujeres pariendo durante miles de años, las montañas sosteniendo la vida y la tierra, cuidando y atesorando el milagro del nacimiento. Yo era yo y era todas las otras, yo era yo y era la tierra, yo era yo y era el poder del océano, yo era yo y era cada mujer que pariría y que había parido y no estaba sola, la tierra bajo mi ser me conectaba con el poder sagrado femenino, nunca más yo volvería a ser la misma.

en nuestras charlas pensando la mejor manera de dar a luz, habiamos decidido hacerlo en un hospital, hable  con mi amado, ya era momento de estar en coche y transladarnos de nido. 

Con mi antecedente de cesárea habíamos decidido que Martina nacería en un parto respetado, no medicalizado, en agua, en hospital por si sucedía cualquier situación de emergencia, le dije que era momento de volver con Elizabeth mi ginécologa, amorosa, respetuosa y complice de cada una de nuestras decisiones.

Volvimos donde Elizabeth  y ya estaba en 6 de dilatación, nos fuimos directo a la clínica, llegamos, el camino con bufos , rebotes, rugidos, vibraciones, al llegar la realidad hospitalaria para la cúal esta preparada y no iba a permitir ni que me sacaran de mi momento como mujer pariendo, ni de la conexión de Martina conmigo, ni del ritual amoroso de los 4 (mi esposo, mi hija mayor, Martina y yo).

Médicos, preguntas, enfermeras,  yo contestaba cuando no estaba en contracción y ellos respetaban mis ritmos, apague la luz, les pedí hablar baijito y les dije que Elizabeth venia en camino y que mi doula también, que era un parto no intervenido, que solo llenaran la tina que estaba en 7 de dilatación y que no se preocuparan de nada. E hicieron caso.

Tina llenándose lento, muy lento  y llego Iliana mi doula querida, respetuosa y amorosa, llego Elizabeth con su sonrisa y subierón mi esposo y mi hija que hasta ese momento habián sido los compañeros amorosos, los contenedores sabios del milagro del nacimiento de Martina.

Entre a la ducha en cuatro apoyos, siempre necesitando el apoyo de la tierra, su arrullo, su presencia y su amor e Iliana entro conmigo y me dijo algo que fue fundamental en los siguientes momentos.

Me dijo que no tenía que ser fuerte, que me entrgara a la sensación, que allí adentro donde yo sentía mi cuerpo intenso, allí estaba Martina, que entrará en mi y la encontrará a ella.

Y entonces tuve 2 o 3 contracciones deliciosas, gozosas, como la sensación agudita que queda después del orgasmo, llegue a 10 de dilatación, rompí fuente, toque a Martina con mis manos en mi vagina, sentí su cabello, sentí su cabeza venir.

Entramos a la tina, mi esposo hermoso fue mi silla fuerte, mi sostén y mi ancla, le cantaba a Martina baja, baja y vinierón los pujos, 1, 2, 3, 4, el aro de fuego, no es tan fogoso, arde un poco y la piel se estira, pero es tan rápido que no duele como yo imaginaba, no se merece ese nombre, y en 20 minutos nació Martina, Martina salió como pececito.

Martina en mi vientre, papá nuevo, papá Rodrigo llorando, hermana nueva, hermana llorando y sus sollozos me traían a la realidad, yo había soñado como 5 veces el parto de Martina, había parido sola, arrodillada, en 4 apoyos, sentada, había alumbrado la placenta y sentí mi parto tan fluído y pleno que creía estar soñando de nuevo, esos sollozos en mi espalda eran el detalle mágico de la realidad y sabía que era cierto, que esa bebe que miraba todo con tranquilidad serena, con asombro tranquilo, que me miraba y me conocía desde antes de las palabras y las cosas había nacido y yo había sido su umbral, su casa, su camino y  sentí la felicidad infinita que cabía en mi.

Salimos de la tina, alumbre placenta, la miré, la honré, agredecí su amor a su hermana (la placenta esta hecha del mismo material- milagro genético que cada bebe) fue suave y amoroso alumbrar a la placenta amada de Martina y le pedí a Iliana me cortará unos trozos para comerla y para mi sorpresa me pareció deliciosa y quise más y otro poquito más.

Gracias  a la placenta tuve una noche llena de energía y felicidad, casi no pude dormir de la alegría y miraba a mi hija con amor infinito, chiquitita que tomaba teta y me miraba llena de amor, sentía el amor infinito de Rodrigo quien a cada sonido de Martina se levantaba corriendo a ver si Martina y yo estábamos bien.


Todo el proceso de nuestro trabajo de parto duro cera de 9 horas, duras 4 o 5, con la última muy suave y hermosa, placentera, 2 contracciones deliciosas en esta última hora, dos similares a ese dolor después de muchos orgasmos continuos y llego Martina, bella, despierta, mirando todo a las 9:27 pm del 4 de abril, con Rafaela filmando y siendo doulita, mi amado conmigo todo el tiempo y yo pariendo mejor de lo que soñé, sin suero, sin anestesia, sin luces blancas, conmigo, con las personas por mi escogidas que iban a ser mi apoyo y escuchando mi voz profunda donde no habían palabras ni discursos, solo sabiduría instintiva.

Hoy Martina cumple 8 meses, tenemos una lactancia deliciosa, una convivencia amorosa en familia, Rafaela es una hermana feliz y Martina sonrié y confía en cada persona, me enseña cada día con su presencia a confiar y creer en la bondad y la belleza.

Yo confío en mi sabiduría de mamá, dormimos con Martina en delicioso colecho, la porteo mucho tiempo y las opiniones en contra de mi manera de criar no me imporan, no les creo, se que soy mamífera, que soy salvaje y que mi sabiduría instintiva sabe que es lo mejor para Martina, para mi, para mi amada familia.

Lo logré y es una alegría inmensa parir, ser mamá y pariendo a Martina, me parí, parí a Rarrita y entre como nunca antes en mi.

NACIMIENTO DE RARRA

Era el año 1999, tenia 22 años y la certeza de querer ser mamá, de querer estar acompañada de una niña por un buen y largo tiempo. Viví un embarazo feliz, con algunos momentos difíciles con mi familia y mi madre quienes entraron en el drama familiar de mi juventud y mi maternidad.

Con el embarazo de Rarra me quedo muy claro que estar embarazada era mi momento de mayor plenitud, estabilidad y fuerza, baile, dicte clases, camine e hice todo lo que quería hacer, de alguna manera al recordar mi vivencia, me veo pensando y actuando desde sentir que el embarazo no es una enfermedad, si no un estado de plenitud, claridad y sabiduría y moviéndome mucho.

Ahora puedo decir sin temor a equivocarme, que viví el embarazo desde ser una bailarina joven, y desde  estar en movimiento y técnicas de danza, en ese entonces creía en la técnica y no habia encontrado el sumergimiento en uno mismo desde el movimiento,  sentía profundamente a Rarrita, pero también sentía mis pulsiones y mis necesidades y el embarazo como la crianza de Rarra fueron un encontrar un equilibrio entre las necesidades de las dos, las dos creciendo.

21 de Julio 9 de la noche, recuerdo que justo ese día, había hablado con Tonita y me había dicho que nada como el sexo para animar a Rarrita a nacer, así que al llegar a casita, hicimos el amor y cerca de las 11 empece a sentir movimientos y pulsiones en mi vientre.

Comi, me bañe y revise que todo estuviera listo, no había dolor y yo realmente me sentía preparada, pensaba que mi cuerpo estaba entrenado, que yo era amiga del dolor, era bailarina al fin y al cabo, e iba a vivir una experiencia para la cual estaba lista.

Así que solo asistí a 2 clases de curso sicoprofilactico, en donde me dijeron que todo mi sistema muscular estaba en perfectas condiciones para el parto, no leí, ni investigue, ni me prepare a fondo, tan confiada y segura, que nunca se me paso por la mente que no dependía de mi, sino de un sistema médico violento e ignorante.

Llegue a la clínica materno infantil San Luis, a eso de la 1a.m. el ginecólogo de turno me hizo un tacto, 3 cm de dilatación y 80 % de borramiento de cuello uterino, te quedas, ya estas en trabajo de parto, la enfermera continuo con la rasurada e inmediatamente una inyección de oxitocina.

Entre a sala de trabajo con otra mujer, que estaba asustada, con dolor y nerviosa, yo muy tranquila, sin sentir dolor, ni intensidad; cuando el Ginecologo entro al ratito y ve a mi compañera le dijo que dejara de quejarse, que apenas estaba empezando, que yo estaba mucho más avanzada en la labor y que aprendiera de mi, que dejara de quejarse:

Llevo casi 1 mes escribiendo estas memorias que ocurrieron hace casi 13 años y siguen doliendo, como muchas mujeres fui víctima de la violencia obstretica, en un momento vulnerable, frágil, no solo me quitaron mi poder, sino también el derecho de mi amada hija de nacer y hacer su camino por mi cuerpo.

Después hice empecé a hacer cunclillas, era lo que mi cuerpo me decía y la enfermera me dijo: "levantate, si no te quedas quieta te amarro a la cama, quieres que se salga el bebe y romperle la cabeza" entonces todo se detuvo, durante 1 o 2 horas no tuve ni una sola contracción.

A la hora volvío RG el ginecologo, ya con mas años de los que yo hubiese querido, viejo, con una experiencia obsoleta, centrada en su comodidad y no en nuestro bienestar; al darse cuenta que mi dilatación estaba paralizada, en 4 o en 5, más oxitocina sintética, mas intervenciones médicas.

Al poco tiempo se vino la tormenta, mi mar interior ya no me arrullaba, ya no cantaba una canción, ya no me traía en un va y ven, era un maremoto, me atravezaba, me dejaba exhausta, se abrián mis huesos y me obligaban a estar acostada bajo mas amenazas de amarrarme, necesitaba ayuda, necesitaba amor, necesitaba una mano compasiva que me ayudara a volver a mi fuerza, y le pedí a la enfermera un poco de ayuda con la respiración:

"Crees que eres la única paciente, así como disfrutaste ahora aguanta" y el mar bravo me habitaba.

Volvió el ginecologo, esta vez a romperme fuente, ya estaba en 7 cm de dilatación, sin preguntar, sin preguntarle a mi niña, sin respetar nuestros tiempos, siguieron 2 horas intensas, de soledad, de sentir lo huesos abrirse, de perder el control y no tener amor cerquita, solo soledad, dolor y sentir que no estaba lista, sentirme frágil, incapaz, adolorida.

7:00 a.m. volvió el doctor, justo a la hora de cambio de turno, reviso el corazón de Rafaela, y me dijo que había sufrimiento fetal, que casual, justo cuando para el seria una diferencia en su pago, parto o césarea atendidos, dinero extra, si no, solo el pago de su turno, nada adicional y yo, exhausta, cansada, sola, solo quería que mi bebita naciera, no encontré mi poder, no me sentí fuerte y capaz. Me sentí maltratada, todas las decisiones sobre mi cuerpo y sobre mi parto las tomo este ginecologo viejo y obsoleto.

Acepte, me alegró la cesarea, yo y mis 22 años, yo y mi bebe, impedidas en nuestra danza y nuestro ritmo, yo tan confiada en que iba a poder parir, en ese momento estaba lista para la epidural y mi vientre abierto, inútil mi vagina, inutiles mis orgasmos, inútil mi sabiduría.

Vi la cesarea por el reflejo en la lampara, oí a Rarrita llorar, me la mostraron, no la pude tocar y se la llevarón.

Aun no entiendo porque si por exceso de oxitocina o por la epidural, mi útero no se contrajo déspues del alumbramiento, perdí sangre, mucha, y mi presión sanguínea bajo mucho, siguieron medicándome y perdí el conocimiento, aún no se si me hicieron alguna trasfusión.

Al despertar mis piernas inmovilizadas, recuerdo estar en una camilla, mareada, veo como una enfermera le va a dar a mi pequeña un tetero y grito, MI HIJA VA A TOMAR CALOSTRO Y TETA, NO LE DEN TETERO, y logré detenerla, me traen a mi beba hermosa y limpia, sin sangre, sin grasa, sin rastros de mi cuerpo en ella, como si hubiera que esconder la casa que la amo y la arrulló 9 meses.

Rafaela en mis brazos, mis lagrimas, mis tetas dichosas de al fin ser útiles, de producir alimento para mi pequeño tesoro y mi pequeña maestra.

No solo medicalizarón tanto el parto hasta rendir mi fuerza y mi sabiduría, si no también intentarón arruinar el mejor alimento de mi beba y nuestro vinculo láctoso, corporal.

No lo lograron y le di teta 3 1/2 años, y mis tetas fueron felices y abundantes, y somos unidas desde el principio de los tiempos, mi hija me enseño a amar con todo y me ha hecho mejor mujer cada día con su presencia y amor.

En la historia médica que he solicitado, mi perdida de sangre no aparece ( claro que no, sucedió por error médico, mi cuerpo sabio fue invadido por torrentes que no necesitaba) y como motivo de la cesárea aparece que no avance mas de 5 cm en 5 horas, llegue a 7 cm, lo recuerdo bien, no hubo sufrimiento fetal, mi niña nació sana y este medico tradicional, omitió en la historia lo sucedido y me engaño con esa frase del peligro de mi beba para ganarse el dinero adicional de la cesárea.

Hace un mes exactamente he parido a mi segunda hija, mi amada Rarra fue una de mis acompañantes, vio y ayudo en el parto de su hermanita y de alguna manera también vivió su parto en el de Martina, un parto amoroso, respetado, sin un solo medicamento, pero esa es otra historia que ya escribiré.