Después
de 12 años largos llego Martina a mi cuerpo, como un regalo, llego cerquita a
su papá a mi vida y con ellos una dicha absoluta, amada compañía para Rarrita y
para mi.
A Martina la llame con el corazón durante años, ya creía que no volvería a ser mamá, cuando ya simplemente había soltado el deseo y había encontrado lo plena y feliz que era mi vida con o sin bebe, llego a mi vientre y me trajo memorias, perdones, sabidurías y a mi amado esposo, hacedor de paraísos.
Aquí va la historia de Martina saliendo de nuestro mar.
A Martina la llame con el corazón durante años, ya creía que no volvería a ser mamá, cuando ya simplemente había soltado el deseo y había encontrado lo plena y feliz que era mi vida con o sin bebe, llego a mi vientre y me trajo memorias, perdones, sabidurías y a mi amado esposo, hacedor de paraísos.
Aquí va la historia de Martina saliendo de nuestro mar.
Empezó como a las 11 am suave, yo pensaba que quizás era una de tantas contracciones de las últimas semanas, pero era cada 5 minutos y podía bailar y cantar y cocinar y estar tranquila, cerca de las 3, casi a la hora de mi cita con mi ginecóloga, cada contracción me llevaba a la tierra, a 4 apoyos o en cunclillas y cantaba muy feliz.
Al ir con la ginecóloga, estaba en 3 de dilatación y 80% de borramiento de cuello uterino, allí seguía pensando que serían en 2 días, (muchas de las mujeres de mi familia han parido no en menos de 24 horas), estaba preparada para un trabajo de parto largo, a pesar de toda mi preparación estaba en mi la idea de que parir era difícil y largo..... me lleve una buena sorpresa.
Regresamos
a casa y como a las 4 se puso intenso, en cada concentración úterina yo quería
estar con mi hija mayor y mi esposo y ellos amorosamente me tocaban los huesos
y me daban palabras de ánimo.
En algún
momento tuve ganas de llorar, muchas, esas ganas de llorar que han venido a mi
vida después de orgasmos intensos, una tristeza honda que viene de lejos y
profundo, allí sentí un momento decisivo en mi trabajo de parto, indagar este dolor
guardado en mi cuerpo, que Martina acariciaba desde adentro para sanarme o
postergar la vivencia de este dolor y entregarme de lleno a acompañar a Martina
en su nacimiento.
Decidí
no entregarme a la pena y a mi sanación, y estar fuerte, ser fuerte para acompañar a Martina
sin que mi dolor profundo fuera protagonista, así que de esa forma vino mi ser
salvaje, mi mamífera felina, mi loba interior. La mamá mamifera que en mi aguardaba.
Rugía y sentía mis huesos, fuertes y la tierra en mi, y entonces ya no quería llorar, era fuerte, de ultratumba, subterraneamente era fuerte, con una fuerza milenaria.
Sentía
como de mis huesos salian filamentos energéticos que me enraizaban con la
tierra y sentí la fuerza de todas las mujeres pariendo durante miles de años,
las montañas sosteniendo la vida y la tierra, cuidando y atesorando el milagro
del nacimiento. Yo era yo y era todas las otras, yo era yo y era la tierra, yo
era yo y era el poder del océano, yo era yo y era cada mujer que pariría y que
había parido y no estaba sola, la tierra bajo mi ser me conectaba con el poder
sagrado femenino, nunca más yo volvería a ser la misma.
en nuestras charlas pensando la mejor manera de dar a luz, habiamos decidido hacerlo en un hospital, hable con mi amado, ya era momento de estar en coche y transladarnos de nido.
en nuestras charlas pensando la mejor manera de dar a luz, habiamos decidido hacerlo en un hospital, hable con mi amado, ya era momento de estar en coche y transladarnos de nido.
Con mi antecedente de cesárea habíamos decidido que
Martina nacería en un parto respetado, no medicalizado, en agua, en hospital
por si sucedía cualquier situación de emergencia, le dije que era momento de
volver con Elizabeth mi ginécologa, amorosa, respetuosa y complice de cada una
de nuestras decisiones.
Volvimos
donde Elizabeth y ya estaba en 6 de
dilatación, nos fuimos directo a la clínica, llegamos, el camino con bufos ,
rebotes, rugidos, vibraciones, al llegar la realidad hospitalaria para la cúal
esta preparada y no iba a permitir ni que me sacaran de mi momento como mujer
pariendo, ni de la conexión de Martina conmigo, ni del ritual amoroso de los 4 (mi
esposo, mi hija mayor, Martina y yo).
Médicos,
preguntas, enfermeras, yo contestaba
cuando no estaba en contracción y ellos respetaban mis ritmos, apague la luz,
les pedí hablar baijito y les dije que Elizabeth venia en camino y que mi doula
también, que era un parto no intervenido, que solo llenaran la tina que estaba
en 7 de dilatación y que no se preocuparan de nada. E hicieron caso.
Tina
llenándose lento, muy lento y llego
Iliana mi doula querida, respetuosa y amorosa, llego Elizabeth con su sonrisa y
subierón mi esposo y mi hija que hasta ese momento habián sido los compañeros
amorosos, los contenedores sabios del milagro del nacimiento de Martina.
Entre a
la ducha en cuatro apoyos, siempre necesitando el apoyo de la tierra, su
arrullo, su presencia y su amor e Iliana entro conmigo y me dijo algo que fue
fundamental en los siguientes momentos.
Me dijo
que no tenía que ser fuerte, que me entrgara a la sensación, que allí adentro
donde yo sentía mi cuerpo intenso, allí estaba Martina, que entrará en mi y la
encontrará a ella.
Y
entonces tuve 2 o 3 contracciones deliciosas, gozosas, como la sensación
agudita que queda después del orgasmo, llegue a 10 de dilatación, rompí fuente,
toque a Martina con mis manos en mi vagina, sentí su cabello, sentí su cabeza
venir.
Entramos
a la tina, mi esposo hermoso fue mi silla fuerte, mi sostén y mi ancla, le
cantaba a Martina baja, baja y vinierón los pujos, 1, 2, 3, 4, el aro de fuego,
no es tan fogoso, arde un poco y la piel se estira, pero es tan rápido que no
duele como yo imaginaba, no se merece ese nombre, y en 20 minutos nació
Martina, Martina salió como pececito.
Martina
en mi vientre, papá nuevo, papá Rodrigo llorando, hermana nueva, hermana llorando y sus
sollozos me traían a la realidad, yo había soñado como 5 veces el parto de
Martina, había parido sola, arrodillada, en 4 apoyos, sentada, había alumbrado
la placenta y sentí mi parto tan fluído y pleno que creía estar soñando de
nuevo, esos sollozos en mi espalda eran el detalle mágico de la realidad y
sabía que era cierto, que esa bebe que miraba todo con tranquilidad serena, con
asombro tranquilo, que me miraba y me conocía desde antes de las palabras y las
cosas había nacido y yo había sido su umbral, su casa, su camino y sentí la felicidad infinita que cabía en mi.
Salimos
de la tina, alumbre placenta, la miré, la honré, agredecí su amor a su hermana
(la placenta esta hecha del mismo material- milagro genético que cada bebe)
fue suave y amoroso alumbrar a la placenta amada de Martina y le pedí a Iliana
me cortará unos trozos para comerla y para mi sorpresa me pareció deliciosa y quise más y otro poquito más.
Gracias a la placenta tuve una noche llena de energía
y felicidad, casi no pude dormir de la alegría y miraba a mi hija con amor
infinito, chiquitita que tomaba teta y me miraba llena de amor, sentía el amor
infinito de Rodrigo quien a cada sonido de Martina se levantaba corriendo a ver
si Martina y yo estábamos bien.
Todo el proceso de nuestro trabajo de parto duro cera de 9 horas, duras 4 o 5, con la última muy suave y hermosa, placentera, 2 contracciones deliciosas en esta última hora, dos similares a ese dolor después de muchos orgasmos continuos y llego Martina, bella, despierta, mirando todo a las 9:27 pm del 4 de abril, con Rafaela filmando y siendo doulita, mi amado conmigo todo el tiempo y yo pariendo mejor de lo que soñé, sin suero, sin anestesia, sin luces blancas, conmigo, con las personas por mi escogidas que iban a ser mi apoyo y escuchando mi voz profunda donde no habían palabras ni discursos, solo sabiduría instintiva.
Hoy Martina cumple 8 meses, tenemos una lactancia deliciosa, una convivencia amorosa en familia, Rafaela es una hermana feliz y Martina sonrié y confía en cada persona, me enseña cada día con su presencia a confiar y creer en la bondad y la belleza.
Yo
confío en mi sabiduría de mamá, dormimos con Martina en delicioso colecho, la
porteo mucho tiempo y las opiniones en contra de mi manera de criar no me
imporan, no les creo, se que soy mamífera, que soy salvaje y que mi sabiduría instintiva
sabe que es lo mejor para Martina, para mi, para mi amada familia.
Lo logré
y es una alegría inmensa parir, ser mamá y pariendo a Martina, me parí, parí a
Rarrita y entre como nunca antes en mi.