Hace ya días cuando había visto de frente parte de mis dolores de niña que me había dado cuenta que poco me servia la fuerza, el hacerme valiente y poderosa, que mi verdadera fortaleza estaba en reconocer mi inmensa fragilidad y justo ahora cerca del parto, cerca de abrirme al nacimiento de Martina he sentido la necesidad de ser y estar fuerte.
Me doy cuenta que la única manera que tendré en el momento de mi tan amado y esperado parto es rendirme, soltar el miedo y la fuerza, soltar el control y dejarle el control a mi cuerpo, a lo sútil e inexplicable, dejar y confiar en la sabiduría profunda de Martina y en su profundo conocimiento de lo que debe hacer y abrirme al placer a la experiencia inexplicable de dar paso a través de mi vagina a esta hermosa mujer que atraviesa 2 mundos.
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