Recuerdo hace un poco más de un año cuando compre hermosas compresas lavables para mi sangre menstrual, y durante 1, 2 o 3 lunas no me anime a usarlas, me costaba el contacto de mis manos con mi sangre, después Martina me habito y entonces mi panza fue creciendo y Martina me fue llenando de sabiduría.
Empezaron las memorias, las lágrimas del alma y la visualización de la sombra, fui entendiendo el embarazo como iniciación y fui entendiendo la fuerza de mi sexualidad, descubrí nuevas razones para mis orgasmos, para las danzas de mi útero y fui mirando mi heridas de bebe, de niña, para poder cuidar de la pequeña Martina que me llevo en 9 meses al océano del amor.
Nació Martina en un parto perfecto, maravilloso, del que estoy orgullosa, con el que soy feliz y conocí mi sabiduría de mujer, escuche la danza de Martina y cuide de que ella fuera respetada, Martina hizo su tránsito entre el agua y la tierra y yo dancé con ella en su viaje, fui vehículo, espacio para el paso, mamá amando a Martina en cada momento, cuidando, acompañando y sintiendo.
Martina crece y ha vuelto mi sangre, ya solo le tengo respeto a mi sangre, ya no siento asco, la huelo, la pruebo, la toco, la riego, la siembro y se que nutro a mi madre tierra, ella que me da la fuerza y el sostén cada momento, ella que es mi maestra de la vida, muerte, vida, ella que me alimenta, me transforma y me da piso.
Y viene mucha sangre de mi vientre, mucha sangre sin dolor, vienen copas y copas llenas y no duele, y entonces me doy cuenta lo lejos que estoy de mi familia, de lo cerca que estoy de mi útero, de mi corazón, honro mi útero, honro mi sangre, honro la tierra, honro los úteros de mis hijas y su sangre, preparo a mi hija mayor para su menarquia, contándole siempre de lo limpia, buena, sabia, sagrada y nutritiva de su sangre.
Honro mis ciclos, honro la tierra, honro la luna, honro a mi hombre y su semen, honro su sangre, honro su fuerza, honro los ríos y los mares, honro mis océanos, y todo esto surgió en mi sin libros, sin círculos, sin doctrinas, surgió cuando mi útero creció siendo la casa océanica de Martina y entonces yo escuche su sabiduría y supe y aprendí.
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