domingo, 5 de agosto de 2012

Parir, una experiencia de poder


EL PARTO: UNA EXPERIENCIA DE PODER


PONENCIA PARA LA 1 JORNADADEL PARTO, EL NACIMIENTO Y LA CRIANZA
FLORIDABLANCA, SANTANDER, COLOMBIA
4 DE AGOSTO 2012


La información sobre el parto en la sociedad, en las películas, la televisión, en las mismas mujeres que lo van contado contiene imágenes de dolor, de sufrimiento, de martirio y efectivamente así lo viven muchas mujeres.

Que lleva a nuestra sociedad y a las mujeres a un imaginario trágico sobre el momento maravilloso de ser camino y tránsito de la vida?

¿Cuándo el parto dejó de ser una fiesta, el momento esperado, el momento de la mayor sabiduría y gozo, ese instante donde la mujer se vuelve madre y nos contactamos con la sabiduría profunda de nuestro cuerpo, de nuestro ser?

¿Cuándo dejamos de escuchar nuestra sabiduría? Y volvimos de algo maravilloso, una enfermedad? Escuchamos  frases como “está mala” “¿cuándo se alivia?”  respecto al embarazo, incluso estar embarazada, es estar a parte de en gestación, es estar en problemas, en alguna situación incomoda, también tenemos esta hermosa palabra de gravidez, que también significa estar gestando pero que tiene relación con la gravedad, con el peso, con el contacto con la tierra.

Esa es la definición que para mi hace más sentido. Mujer que gesta, mujer que se contacta con la tierra, con la vida, con la naturaleza y con su ser salvaje, salvaje como estado sin domesticación.

Mujer que escucha la tierra y que es tierra donde surge la vida, mujer territorio.

La ovulación, la menstruación, el orgasmo, el embarazo,  el parto, la lactancia hacen parte de la sexualidad de la mujer, y cada una de estas hermosas palabras han pertenecido a la sombra, a lo que se calla, a lo que no se nombra y juntas hacen una unidad de sabiduría, de conexión, de nutrición.

¿Por qué se ha querido callar la voz de la sexualidad femenina? ¿Por qué? si su plenitud esta relacionada con la felicidad infantil.

Una mujer sexualmente feliz es una mujer encarnada, incorporada, conoce su cuerpo, sus flujos y siente su plenitud hormonal, cuando decide ser madre escucha a su criatura, se derrite en amor hacia ella, no se deja condicionar por los lineamientos sociales y le da prioridad -como cualquier mamífera- a sus instintos y sus impulsos maternos, es decir, a su sabiduría profunda y milenaria.

Para hablar del poder del parto, debo hablar del poder y la sabiduría de algunos aspectos de la sexualidad femenina.

La ovulación es la voz de nuestros estrógenos. Miranda Grey en su libro “luna Roja” lo relaciona con el verano, con la luna llena. Es el momento en el que nuestros estrógenos están altos, deseamos, amamos, estamos en relación, dispuestas, abiertas, húmedas, creativas.

La menstruación esta relacionada con la luna nueva, la noche oscura, el momento de sabiduría mayor, de recogimiento, de escuchar la voz del alma, de interioridad; es el invierno, donde se evalúa y se reflexiona y no donde nuestras hormonas juegan con nosotras, sino donde nuestras sabias hormonas nos ayudan a ver aquello que sabemos y nos duele. Nuestra voz sabia se manifiesta en nuestros días rojos.

Con cada menstruación despedimos nuestra sangre sabia, entendemos y sentimos el ciclo de la vida, muerte, vida, construcción, destrucción, transformación, cada 28 días cuando nuestro endometrio fluye hacia fuera recordándonos una vida que no ha crecido en nuestro interior, tenemos el momento, la oportunidad de sentir a nuestro útero, su danza, sus movimientos, su presencia agrandada en estos días.

Cada menstruación nos permite entregarnos a nosotras, adentrarnos y escucharnos a nosotras, encontrarnos con la oportunidad de transformarnos, de darnos vida, de nutrirnos y alimentarnos, nosotras como la vida a cuidar y a proteger.

Germaine Greer, importantísima autora feminista con 2 famosos libros: “La mujer eunuco” y “La mujer completa”, se queja y denuncia lo siguiente:


“Si te crees emancipada, intenta probar cómo sabe tu sangre menstrual,
si la idea te repugna, te queda un largo camino por recorrer”


El orgasmo femenino es llamado en frances  “ le petite morte” la pequeña muerte. Esta frase, nos habla de renuncia, de perdida de control, de entrega. En nuestro orgasmo nos entregamos, nos perdemos, nos derretimos, nuestro útero palpita hasta el placer y la comunión con nuestra pareja. Y  en esta simbiosis estamos también en comunión con el universo, sentimos nuestra sangre que irriga todo nuestro cuerpo con mayor intensidad y fluye oxitocina (la llamada hormona del amor) por nuestro cuerpo, nos sentimos enamoradas de la vida.

Sabemos ahora  que el orgasmo es la preparación fisiológica, hormonal y emocional que permite partos plenos y deliciosos. Con las palpitaciones uterinas en nuestros orgasmos, nuestro útero se prepara para las condensaciones del parto, sabemos también que cuando un trabajo de parto se detiene es momento de unos besos húmedos, de unas caricias eróticas para que fluya la oxitocina y el trabajo de parto se reanude.

En el embarazo aumentamos de peso, aumenta nuestra fuerza de gravedad, aumenta nuestra conexión con la tierra, aumenta nuestra progesterona y a partir de la 12 semana de embarazo tenemos la sabiduría y presencia de la placenta, cuya función es la comunicación y el cuidado de la vida que gestamos, la placenta es el único órgano temporal y es un órgano puente, nos une, nos conecta.

En el embarazo entramos en nuestro ser para proteger  la vida que se desarrolla en nosotros y escuchamos lo que este ser necesita: los alimentos, los sonidos, los pensamientos, las imágenes, nuestra sabia placenta y antes nuestros altos niveles de progesterona nos brindan este puente a la vida adentro y nosotras tejemos un capullo para escuchar, sentir, amar, cuidar este pequeño ser humano que recorre la historia de la vida.

Este ser que nos habita, recorre la historia de la vida, inicia como un organismo unicelular en el momento de la concepción, se multiplica igual que los primeros organismos vivos en el océano, este ser también habita un océano, océano cálido donde crece, se nutre y se desarrolla.

Pasa desde el momento de la concepción de ser un organismo unicelular e invertebrado a un organismo vertebrado, a tener la forma de un guarasapo, a desarrollar 4 extremidades, y a desarrollar los reflejos y patrones de movimiento que han sido la base de la vida y evolución, hasta alrededor del año, meses mas o meses menos cuando llega a la posición bípeda y puede alimentarse con sus manos.

Hasta ese momento necesita una matriz amorosa que le brinde protección, compañía, amor, calidez, que le permitan desarrollarse y nutrirse. Hablamos de gestación interna y externa, necesita una mamá amorosa que lo acompañe y cuide, que lo sienta y que sienta sus impulsos y sabidurías maternas.

El parto es el tránsito del bebe entre dos mundos; el bebe está en su océano, caliente, abrazado, con su hermana placenta, bajo su cuidado y canto y hace el viaje entre las pulsiones uterinas a través del cérvix, acariciando el árbol de la vida, pasa por el canal vaginal y atraviesa la vagina para por primera vez respirar no a través del cordón sino a través de sus fosas nasales, ver la luz, recibir el abrazo de su madre y padre y ver los rostros de las voces tan conocidas y empezar a usar su sistema respiratorio y su sistema digestivo desde nariz y boca, completos.

El parto se desencadena por el poder y saber hormonal; al calcificarse la placenta el bebe percibe la falta de alimento, libera adrenalina que a su vez llama a la oxitocina, que es la hormona que desencadena el parto, o bien el cérvix empieza a dilatar y la oxitocina aumenta sin necesidad de que la adrenalina medie.

Este flujo de oxitocina que es la hormona que también acompaña nuestros orgasmos y que nos vincula con el amor, es fundamental para el parto, para la lactancia y para el vinculo temprano madre–bebe.

La oxitocina ayuda a que cada contracción o condensación uterina vaya aumentando su fuerza, como un crescendo que va a preparando a la mujer para su nueva maternidad, va preparando su cuerpo, su corazón y su mente para recibir a esta nueva criatura.

Un trabajo de parto natural tiene el ritmo de las olas del mar, viene de suave a intenso y llega al clímax y se suaviza. Entre cada ola, la mujer descansa, el bebe pasa de su océano milenario a la tierra, en su barco, navegando en las crestas de las olas que lo acarician, lo masajean y lo acompañan.

Cuando el parto se medicaliza, este ritmo se altera,  vienen contracciones rápidas, espasmos que presionan al bebe y la comunicación mamá- bebe se altera. Se sabe que las contracciones con oxitocina sintética son el segundo dolor más fuerte que puede sentir un humano, el primero es un ataque cardiaco, y sabemos también que gran parte de los partos medicalizados terminan en cesárea innecesaria.

En el parto también nace una mamá. Mientras el bebe hace su danza, su cuerpo es acariciado, estimulado y mamá se prepara para dar amor, cobijo y teta.

No hay un tiempo ideal para que estos dos procesos ocurran, solo que suceden en simultáneo. El tiempo que el bebe necesita para nacer es el tiempo que la mujer necesita para nacer como madre e iniciar la gestación externa. Pueden ser 5, 12, 24, 36 horas. No se necesitan medicamentos, no se debe apurar el proceso, salvo en algunos casos, siempre menos que más, en los que se necesita apoyo médico.

En el parto están intrínsecos nuestros orgasmos, sus ritmos, sus pulsaciones, el bebe acaricia en su tránsito muchos de los puntos que acaricia el pene o las manos en una relación sexual o coito. Y al igual que después del orgasmo la oxitocina abunda en nuestro torrente sanguíneo.

 También para dejar nacer debemos abandonar el control y dejar que la sabiduría profunda que subyace en nuestra fisiología tome el mando, al igual que en nuestros orgasmos donde  al fundirnos en nuestra pareja y en la sensación, vine las oleadas de placer, el mar adentro esta tanto en nuestros orgasmos como en el trabajo de parto y nacimiento.

Dejar de controlar, entregarnos a la sensación, no tratar de entender, fluir como océano que se vuelve rio y abrirnos al poder de la vida a la que durante quizás 40 semanas le hemos dado cuerpo, amor y cuidados.

Para parirnos madres debemos ser mujeres, y haber tenido plenitud en nuestra sexualidad. El parto como acto sexual, requiere que estemos preparadas, ¿que nos prepara? Abundantes orgasmos, húmedas ovulaciones, quizás el identificar y sentir el paso del ovulo por la trompa, la derecha, la izquierda según sea el caso, menstruaciones fluidas, menstruaciones bailadas, menstruaciones agradecidas y escuchadas.

Una sexualidad femenina plena, genera y facilita un parto pleno, pero el dolor en nuestra historia sexual debe ser visto, nombrado, recibido y atestiguado antes del parto si queremos y deseamos un parto natural no muy complejo. Parte de esta historia de partos dolorosos ha sido creada en sociedades como la nuestra, en donde nuestra sexualidad está reprimida, limitada, domesticada.

Casilda Rodrigañez dice “La diferencia entre un parto y un nacimiento con dolor o con placer creemos que reside en la sexualidad y en el deseo sexual de la mujer. Si se trata de una mujer que ha desarrollado su sexualidad, y su cervix se abre en un proceso de excitación sexual, o si se abre sin ese proceso.”
“Este dispositivo de apertura no es otra cosa que el orgasmo y el proceso de excitación previa, pues no es el dolor, sino el placer, como decía Ola Raknes (4), “lo que hace rodar la rueda de la vida”

La oxitocina natural que liberamos en nuestros orgasmos, que nos conecta con la vida, la alegría y el amor y que está en nuestra sangre antes, durante y después del parto, también nos preparan para la lactancia y para el flujo de prolactina, que contribuyen a una lactancia exitosa y al vinculo mamá- criatura.

Pero eso no lo es todo, para devenir madres debemos ser adultas, y ser adultas no depende de la edad. Somos adultas cuando nos nutrimos, nos alimentamos y cuidamos de nosotras, cuando podemos ser madre de nuestra alma y escuchar nuestras necesidades sin juicios, con el amor que merecemos y que merece todo lo que vive.

Muchas mujeres en el embarazo tienen memorias de su bebe, de su niña, de sus primeros instantes de abandono, de su llanto desconsolado, víctimas de los Estivil de la época. No siempre el embarazo es esa etapa feliz y tranquila. Muchas veces nuestros dolores no resueltos vienen y nos hablan y hay que oírlos, hablarlos, cantarlos, darles espacio, para que no vengan a querer ser oídos cuando estamos en trabajo, en proceso de parto, o en nuestro post parto.

Entonces este dolor del parto, muchas veces está ligado a la historia sexual, a esas memorias que guarda nuestro cuerpo de nuestros coitos,  de cuando nos hemos sentido lastimadas en el amor, o cuando hemos sido lastimadas en nuestro cuerpo. También está ligado a nuestros dolores infantiles y primarios, a nuestra concepción, a la bebe que fuimos en el útero de nuestra madre, y la bebe afuera, a la niña, a la joven, a nuestra menarquía y a nuestra primera relación sexual.

Cuando una mujer está preparada, empoderada, ha hecho un trabajo con su sexualidad y ha cuestionado los condicionamientos sociales de su sexualidad, cuando una mujer sabe que su vagina huele delicioso, puede probar su menstruación sin asco, sabiendo su sangre limpia y sabrosa, cuando una mujer sabe que su menstruación es sabia y es el momento de conectarse consigo misma, con su sexualidad interior, de ella, para ella.
Cuando conoce las rutas de sus orgasmos, ama su libido, ama sus sabiduría hormonal, siente la luna en ella y en sus ciclos, y sabe que con su cuerpo, sus olores, sus flujos, no debe haber pudor, sino orgullo y amor.

Cuando una mujer puede ver a la cara su dolor de niña, de bebe, su dolor de joven, puede entender qué merecía, qué debió haber tenido y ver la sombra de lo que tuvo, sin importar que sanen o no sus heridas.

Todo esto y el darle la cara a la sombra, el solo saberse también su madre protectora, su madre amorosa, eso cambia a la mujer y su parto, cambia la experiencia de la crianza, de la lactancia, cambia la infancia del niño o niña que va a venir y cambia la sociedad.

La mujer que se ama a sí misma, que se respeta y que cuida de su bebe y de su niña interior, entonces esta lista para ser madre, para ser camino, para ser puerta y umbral entre dos mundos y para vivir fácilmente un parto intenso, poderoso, terrenal y gozoso. Que haya dolor o no lo haya es lo de menos, está lista para darse una nueva vida y cuidar al bebe que viene en camino.

Y va a sentir y saber de la experiencia del parto como experiencia de poder, va a sentir muchas cosas que no puedo limitar al lenguaje, pero va a entender la historia de sus huesos, la conexión de sus huesos y la tierra, va a saber como al hacerse puente y camino se vuelve tierra fértil, se vuelve latido planetario, se vuelve océano, rio, oye en su interior a las mujeres milenarias, a las mujeres de su linaje y a todas, que la acompañan, que la apoyan,  que le cantan, va a recibir información ancestral del cuidado de la vida y del poder uterino, femenino y va a estar orgullosa de ella, de sus hermanas de todas las edades, de sus hijos y de todo lo que vive, el parto le contara secretos que comparten las mujeres que han parido sintiendo la vida venir y dando su ser para el instante maravillosos de la unión de dos mundos.

El parto y el nacimiento también son una experiencia del poder para el bebe, el bebe ha sido escuchado, esperado, ha hecho su danza y se ha tomado su tiempo, su sabiduría ha sido escuchada y entonces todo esta bien.

Nace con su poder y sabiduría de bebe, con y en su tiempo para el masaje con el cuerpo de mamá y sabe que una mujer poderosa que cuida de si misma va a cuidar, acompañar  y respetar su sabiduría y su vida.

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